Entradas

La chica de la bufanda gris

Imagen
La poesía a la chica de bufanda gris o a al máximo extremo al que puede llegar la atracción estética y sensual de una veinteañera asexual  La chica de la bufanda gris, esa mañana... Unos minutos antes de las ocho de la mañana había dejado de lloviznar y las calles del Cercado de Lima estaban empapadas, cuando su aparición fugaz, contundente y celestial irrumpió en mi rutina. Su presencia se inmortalizaría para siempre al doblar una esquina. Sí, mi corazón ya lo había presentido. Allí estaba ella paseando entre los edificios neoclásicos del Centro Histórico, cruzando el paso de cebra, yendo en dirección opuesta a mí o hubiera sido mucho mejor y gratificante decir que a mi encuentro. Entonces verdaderamente empezó la eclosión lírica de mi pensamiento: Era una ninfa del bosque de concreto caminando a paso decidido, su cualidad etérea la hacía casi levitar sobre la acera, un ángel que había descendido desde el precioso cielo gris. Tan fabulosa  era que ...

Acerca de las relaciones humanas

Imagen
Hace unos días una serie de eventos entre ellos un breve episodio de tristeza, una discusión con un amigo y la lectura una fábula me hicieron reflexionar sobre la verdadera motivación de las relaciones humanas. Llegue a conclusiones desilusionantes, poco agradables para los caracteres románticos como el mío. Esta es la versión corregida y aumentada de un comentario que hice y que escribí de un tirón en unos pocos minutos y que ahora me ha costado más de una hora revisar. La siguiente reflexión se extiende de igual forma tanto a las relaciones de pareja como a las amistades. En general, a los vínculos que establecemos con seres humanos que no pertenecen a nuestra familia y que vamos conociendo mientras transitamos por esta vida. No podemos elegir a nuestros parientes, pero sí a los amigos y a la pareja sentimental. Supongo que llega un momento en nuestra existencia en el que todos tomamos conciencia de esto aunque sea descorazonador. Con el tiempo uno entiende que en realid...

Una papita frita, alma del alma mía

Imagen
La soledad de la noche insomne, oyendo mi propio pulso con la cabeza contra la almohada. Un recuerdo no me asalta, lo evoco porque se me antoja porque se me da la gana y esta vez ya no era la remembranza de alguna retórica estúpida nuestra cansina e inútil.  Una discusión que no es discusión, un intercambio de palabras que quiere ser diálogo pero tampoco lo es, cuyo principal objetivo es hacerme caer de bruces en el charco de los perdedores, cuya misión es arrinconarme contra el muro de un callejón sin salida, verme atrapada en el laberinto de rosales espinosos de su razón dejándome desarmada de argumentos. De todas maneras siempre he sido un fiasco para los debates, siempre me ha sido más fácil escribir que hablar. La reina timidez paralizando las ideas en el trato social. No es que me este excusando para decir que a fin de cuentas no sé nada. Nunca he sabido nada, ni siquiera sé de mi misma. Pero sobre todo con él, únicamente con él, es frustrante hasta causar alarma la in...

Caramelos agridulces

Imagen
Por alguna misteriosa razón que ni yo misma me explico, por una serie de casualidades que confabularon a favor se me ocurrió abordar este tópico. ¿Qué tal una introducción? Para formar una mejor imagen mental previa: piel tersa, risa cantarina, hoyuelos en las mejillas, frescura, voz suave, aliento dulce, cabello al viento, ojos brillantes, sonrojos constantes, pechos y caderas florecientes, ingenua sensualidad... Podría agregarle algunos accesorios tales como medias largas, faldas tableadas, trenzas o coletas, paletas de caramelo o más cosas por el estilo, pero creo que es una imagen bastante estereotipada. El hábito no hace al monje, no basta estar vestida de una lolita para ser una, en especial si es con uno de esos trajes ridículos que venden en esas tiendas de lencería barata. La imagen de lo que significa ser una lolita se ha desvirtuado mucho. Como dijo el buen Nabokov: "... Y es muy interesante plantearse como hacen ustedes los periodistas, el problema de la ton...

De memorias y el Preludio Coral en Fa menor

Imagen
Descubrí hace poco que hacer un recuento de las memorias personales puede ser un ejercicio mental y literario bastante provechoso. Si tan solo escribir fuera para mí una experiencia romántica y las musas existiesen y acudieran a visitarme más menudo. Pero en lugar de eso la cruda realidad consiste en que el acto de escribir es algo mucho más terrenal: una labor regida por la disciplina, la perseverancia y la autoexigencia; valores que por supuesto estoy muy lejos de poseer. Siendo sincera la inconstancia es otra de las tantas características que detesto de mi personalidad y causa de varios problemas en mi vida. Cuando tenía poco tiempo libre culpaba a las circunstancias de no haber vuelto a escribir. Cuando me desocupé me excusé en la falta de inspiración y la ausencia de “señales”; aguardaba estúpidamente que me llegara una especie de iluminación, tal vez una epifanía. En pocas palabras  casi esperaba una experiencia religiosa. Estaría de sobra decir que eso jamás sucedió. ...

Declaración depresiva escrita a los 21 años

Imagen
¿La vida es bella? Me pregunto a mí misma ¿la vida es bella?, sí claro. Puras mentiras. En realidad quisiera decir: Dios mío, qué pesada carga es la vida. Una sucesión continua e infinita de horas muertas, de días y noches vacías, de largos comas mentales. No importa que tan ocupada o que tan desocupada este ni que tenga un cambio en mi rutina; no importa con cuanto esfuerzo intente aferrarme a los pequeños detalles, a los placeres simples y efímeros; no interesa que tanto exagere los sucesos que se me antojan interesantes, que los estire hasta lo imposible, que los magnifique a más no poder; da igual que siga esperando el amor que nunca llegará, que nunca me llegará. No entiendo de que me sirven las dosis de pastillas antidepresivas que he vuelto a consumir con rigor sacramental. Es como si fuera  inmune a sus efectos.  He notado que hace mucho que no lloro, ¿supuestamente esto puede calificarse como una mejoría? pero a qué precio; a este entumecimiento de los sentido...

Lo que a mí me gustaba a los 21 años

Imagen
A los 21 años eran tan ingenua como una niña de 11 (definitivamente más que la promedio actual) y sentimental como una doncella romántica de 16 años. Más de la mitad de aquellas cosas me siguen agradando. A mí me gusta el sonido que hace la cucharita al disolver el azúcar en la tacita de leche o café. Me gusta sentir la suavidad del pelaje de mi gata al acariciarla y escucharla maullar mientras lo hago. Me gusta el olor de los libros viejos, olfatearlos, recorrerlos con la nariz. Me gusta sentir el chocolate derretirse en mi boca. Me gusta mirar los árboles de la Avenida Arequipa mientras voy en bus. A veces me gusta reservar para el final un gran bocado de mi comida: arroz con el jugo del guiso, fideos en su salsa y atiborrarme olvidando mis modales de señorita. No por el placer de la gula. Difícilmente siento el gusto de la comida llegado a ese punto, sino supongo que solamente porque se me hace divertido atragantarme de vez en cuando recordando ...